En un intento desesperado por vivir vidas separadas, las siamesas iraníes Ladan y Laleh Bijani, de 29 años, decidieron someterse a una operación inédita para separarlas. Durante los días 6 y 8 de julio de 2003, en Singapur, un equipo de 28 médicos y más de un centenar de auxiliares trabajaron incansablemente para separar a las hermanas, quienes estaban unidas por la cabeza desde su nacimiento.

A pesar de las advertencias de los especialistas sobre los altos riesgos y las pocas posibilidades de éxito, las siamesas estaban decididas a llevar a cabo la intervención. El doctor Ben Carson, director de neurocirugía pediátrica del Hospital de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore y líder del equipo médico, compartió en una entrevista televisiva la noche del 8 de julio de 2003 que fue imposible disuadirlas de su determinación. Las hermanas afirmaban que su vida unidas por la cabeza era peor que la muerte.

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La operación de separación, que duró dos días, fue un hito sin precedentes en el campo médico. Sin embargo, poco después de ser separadas, Ladan y Laleh murieron desangradas en intervalos de menos de dos horas: Ladan falleció a las 8:30 de la mañana y Laleh a las 10.

El director del Hospital Raffles, Loo Choon Yong, fue quien comunicó la trágica noticia a los numerosos periodistas que esperaban ansiosos por novedades. Expresó que nunca antes se había intentado separar con éxito a dos siamesas adultas unidas por la cabeza debido a los altísimos riesgos involucrados. A pesar de aceptar el desafío y estar conscientes de los posibles resultados, tanto el equipo médico como las siamesas decidieron seguir adelante con la operación.

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El nacimiento de siameses, cuyos cuerpos están unidos, es una consecuencia de una anomalía en el desarrollo embrionario y puede ocurrir en embarazos de mellizos monocigóticos, que se desarrollan a partir de un mismo óvulo. La malformación, atribuida a una división incompleta del óvulo, puede provocar una fusión parcial de dos embriones que originalmente deberían ser distintos.

El término «siameses» se deriva de los hermanos Eng y Chang, nacidos en Siam en 1811, quienes fueron presentados como atracción de circo bajo el nombre de los «hermanos siameses» debido a su lugar de origen.

Si bien los casos de siameses son raros, con una frecuencia de uno por cada 75,000 nacimientos, la detección temprana a través de ecografías ha permitido en muchos países la posibilidad de una interrupción voluntaria del embarazo en caso de malformaciones.

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En general, los siameses nacen completos y están unidos en una zona específica. Aproximadamente el 70% de los casos involucran una unión en el tórax, el 18% en el hueso sacro, el 6% en la región pélvica y solo el 2% en la cabeza.

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